march 2000


Pablo Betti: El paisaje de la pintura.

por Horacio Safons


La pintura de Betti se inspira en el paisaje del sur, desolado e inconmensurable. Es un diálogo con la naturaleza que el artista interioriza y expresa en sólidas metáforas pictóricas y en una desmaterialización que, paradójicamente, encarna la esencia de la naturaleza aprehendida.
Así, el color configura el lenguaje en la multiplicidad de sus veladuras, corporiza lo espacial en su estructura cromática y da espesor de sentido a la miradas conmovida de soledad y dolorida de vacío.
Paisaje descarnado que convoca al hombre por la insoportable presión de la ausencia y que lleva a Pablo Betti hacia una pintura que se entrega y se refiere a sí misma, única manera de encarnar la soledad agobiante y el antropomorfismo vívido de la no presencia.
Felizmente no sujeto a la figuración, ni a la abstracción, ya que ninguna de esas posturas podría darle a su mirada la penetración intuitiva de lo que siente antes que lo que ve, el agudo pincel de Pablo Betti construye con persistencia emotiva y uno sobre otro, susurros, murmullos y ritmos, que dicen del paisaje más que el paisaje mismo.
Paisajes meditados y meditables, que nada más contienen ni necesitan que su propio y singular decir. Esto es así porque Betti elabora una pintura que es esencialmente color y que no se sujeta sino al sentido expansivo de su propio cromatismo..
Preciso en el mirar, sutil en el denso proceso de un plano pictórico que crece de adentro hacia fuera, Betti representa a ese tipo de pintor que seduce por la austeridad.
Ni grandilocuencias expresivas, ni intimismos decadentes. La pintura de Pablo Betti potencia la capacidad de ensimismamiento y el soliloquio de la naturaleza. Arqueología del color que remite una y otra vez a la esencia, a las sonoridades inconmensurables del silencio.
Horacio Safons*
(AACA/AICA)